Star Wars. El ascenso de Skywalker: adiós a la saga de nuestras vidas

No sé muy bien cómo sucede, ni entiendo cuál es la razón, pero siempre que empiezo a ver una película de Star Wars se produce en mí una extraña reacción. Es ver el logo de Lucasfilm seguido de ese “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…” y empezar la magia. La fanfarria que da inicio a la magnífica música de John Williams, con esos títulos que nos introducen a la historia, consigue que se me ponga el vello de punta y regrese a la infancia. Sea la película que sea, y sin importar cuántas veces haya visto la película en cuestión, vuelvo a recuperar esa ilusión del puro y simple disfrute. Será la Fuerza.

Esa misma sensación me ha quedado después de ver (dos veces de momento, pero no dudo de que serán más) El ascenso de Skywalker, la entrega que pone fin a la saga Skywalker después de nueve episodios. No es el fin de Star Wars, por supuesto, pero, en cierto sentido, sí que flota esa sensación de que algo muy, muy grande ha acabado. Rey, Finn, Poe y Kylo Ren han demostrado ser unos dignos herederos de los queridos personajes de la trilogía original. Por mucho que haya un número considerable de “fans” (no creo que esa etiqueta sea apropiada para ellos) se empeñe en atacar con argumentos repetitivos y poco fundados (del tipo de “me han arruinado la infancia” o “esto no es Star Wars”) todas y cada una de las nuevas películas, la nueva trilogía ha estado a la altura de lo que se debe esperar de Star Wars.

the rise of skywalker 2

Conste que lo que escribo no es una crítica de El ascenso de Skywalker, pero, ante algunos comentarios leídos en redes sociales (que son el camino al Lado Oscuro), no puedo dejar de reaccionar y defender el magnífico cierre que supone el noveno episodio a toda la historia. Y es que eso es lo que es.  Una película necesaria en estos tiempos por el mensaje que nos ofrece y un broche dorado a la bella y trágica historia de Star Wars. Quien se acerque a esta película esperando nuevas sensaciones, nuevas historias y rompedoras decisiones que dinamiten lo visto hasta ahora o abran nuevos caminos, quizá no deba ver la undécima película de una franquicia (contando con los dos spin-off). Y, por supuesto, lo mismo se puede aplicar a todos los que han criticado que El ascenso de Skywalker esté hecha pensando especialmente en los fans.

Dicho esto, lo que pretendo en este artículo es realizar un pequeño homenaje en agradecimiento a la que es la mayor saga de nuestras vidas. Porque todos hemos crecido viendo Star Wars, da igual la edad que tengamos. Una saga de 42 años es lo que tiene. Y, como afirma la campaña publicitaria de la película, “toda generación tiene su leyenda”. Y Rey es la leyenda de esta nueva generación. Por méritos propios, la chatarrera de Jakku ha conseguido ascender hasta hacerse un nombre entre lo más granado de la saga galáctica. Y, frente a ella, Kylo Ren, sin duda el mejor personaje de toda la trilogía, y uno de los mejor construidos de todas las películas. Su arco dramático tiene una profundidad como pocas veces habíamos visto aquí, y la oscuridad que consigue imprimir Adam Driver (un actor de los que hacen época) al personaje es absolutamente escalofriante.

kylo ren

Es cierto que la trilogía recurre de forma constante a la nostalgia, a volver a ponernos frente a frente con los personajes que tanto queremos (de ahí el regreso de los actores originales de Luke, Leia y Han Solo) y a inspirarse, de forma más o menos sutil, en episodios y momentos de las primeras películas. Pero eso no le quita a esta nueva tanda ni un ápice de originalidad. De hecho, los nuevos episodios aportan algunas de las ideas más interesantes jamás planteadas en Star Wars: el hecho de mostrarnos un soldado de asalto desertor que se convierte en héroe de la Resistencia, la crisis de fe de un Maestro Jedi como Luke Skywalker…

Y, de hecho, gracias especialmente a Los últimos Jedi, se nos abrieron nuevos caminos y nuevas perspectivas que explorar en la saga. La genética no es lo único importante en Star Wars. La Fuerza tiene otros caminos, y no se circunscribe únicamente a la familia Skywalker. Es algo que sabíamos ya, pero, al parecer, la antigua historia del Elegido (aquel que vendría a destruir a los sith y restaurar el equilibrio en la Fuerza) y los grandes héroes de Star Wars estaba vinculada a ese linaje. Aunque, al mismo tiempo, se nos volvió a mostrar todo el misticismo de la Fuerza que se había perdido con las precuelas. La nueva trilogía, particularmente en los dos últimos episodios, está cargadísima de mitología, tanto jedi como sith, y los duelos con sables láser han recuperado la digna brutalidad de las películas de antaño, abandonando los saltos y acrobacias danzarinas.

rise of skywalker lightsaber duel

Y, aun así, J.J. Abrams consigue tomar toda esa nostalgia y la novedad y llevar a cabo una gran obra, que es terminar todo lo empezado por Rian Johnson: destruir lo viejo abrazándolo y asumiéndolo como parte de la propia identidad. Abrams no reniega de todo lo hecho por Johnson, sino que, en cualquier caso, coge el guante y lo lleva un poco más allá. Es un trabajo de orfebrería maravilloso, y con todo ello consigue una historia más oscura que ninguna que hubiéramos visto hasta ahora, y al mismo tiempo igual de divertida y apabullantemente entretenida y emocionante que siempre. La emoción domina la película de principio a fin, como corresponde a una despedida de esta magnitud.

Porque con Star Wars estamos diciendo adiós a muchas cosas buenas, a muchas esperanzas, a muchos recuerdos y a mucha ilusión. Menos mal que podemos volver a ver estas películas, porque el mensaje de Star Wars, un mensaje sobre la importancia de la amistad, de la lealtad y el sacrificio, de la lucha de la luz contra la oscuridad, del daño del odio y la ira…, es más importante que nunca. El elemento central de toda la saga es, no olvidemos, la esperanza (que da nombre a la primera película de la saga, la que, allá por 1977, empezó todo). Porque “todas las rebeliones se basan en la esperanza”, como nos recordó Jyn Erso en Rogue One, que empezó con muy buen pie la serie de spin-offs. Y Star Wars, la que nos emociona, es la historia de una rebelión contra un Imperio. Y, sin esperanza, todo eso es imposible. Necesitamos (y siempre necesitaremos) a Star Wars. Que la Fuerza nos acompañe siempre.

Miguel Serrano (@Migserrod92)

 

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