Joker, “Put on a happy face”

El Joker es uno de los personajes más reconocibles y memorables del mundo del comic. Querido, venerado y temido a partes iguales, el villano de DC funciona de maravilla dentro del universo de Batman, en el que se mueve como archienemigo y reverso oscuro del antihéroe de la capa. La historia del Príncipe Payaso de Gotham ha sido explorada en múltiples ocasiones y desde muchas perspectivas (siendo la más importante de ellas La broma asesina, de Alan Moore), pero siempre más o menos asociado al hombre murciélago. Por eso, cuando se anunció que estaba en marcha una película sobre los orígenes del icónico personaje en la que no iba a estar presente (al menos, de forma explícita) la figura de Batman, las dudas afloraban.

El riesgo de hacer una película sobre el Joker se acrecentaba si tenemos en cuenta el historial de representaciones cinematográficas del personaje, variopintas y desiguales. Desde el histrionismo llevado al extremo de Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton hasta la violencia un tanto absurda de Jared Leto en Escuadrón suicida, el cine (y la TV, no olvidemos que su primera aparición en el medio audiovisual fue en la serie de los sesenta, encarnado por César Romero), el Joker ha tenido un peso fundamental en las producciones de DC para el cine. Pero ninguno consiguió dotar al personaje de tanta fuerza como lo hizo Heath Ledger en El caballero oscuro, la segunda película de la trilogía de Christopher Nolan. Ledger, con su escalofriante actuación (que le valió un Oscar, tristemente de forma póstuma), dejó el listón tan alto que parecía que ningún actor podría acercarse de nuevo al personaje.

joker triste

Pero, una vez estrenada la película, las dudas desaparecieron de golpe, quedando en su lugar una sensación a medio camino entre la euforia y la estupefacción absoluta. Todo en ella es sorprendente, empezando por la elección de su director y coguionista: Todd Phillips, conocido hasta entonces por ser el creador de la trilogía de Resacón en Las Vegas, películas divertidísimas pero que poco podían anticipar el radical giro que iba a tomar su director. Phillips, junto a los productores de la Warner, se apuntaron un tanto fundamental cuando consiguieron contratar a Joaquin Phoenix como el actor que diera vida nuevamente al Joker. La elección es sorprendente no por las cualidades del actor (que, desde el principio, apuntaba a ser deslumbrante), sino porque Phoenix es famoso por haber huido siempre de todo tipo de sagas y franquicias. Espíritu libre (y más raro que un perro verde), el actor ha preferido siempre ser el dueño de su carrera y no dejarse atrapar en grandes superproducciones más allá de Gladiator. Pero, sea como fuere, aceptó.

Y, una vez vista la película, podemos decir que todas las dudas posibles eran más que injustificadas. Todd Phillips ha construido en Joker una historia radicalmente nueva, apartada totalmente del personaje de los cómics (aunque manteniendo una respetuosa proximidad) y de cualquier tipo de canon de cine superheroico. Joker es una película terrible y desgarradora, terrorífica e inquietante, una de las mejores películas de los últimos tiempos. Y lo es porque sus referencias evidentes son dos de las mejores películas de uno de los mas grandes de todos los tiempos: El Rey de la Comedia y Taxi Driver, de Martin Scorsese (sí, el de la última y cargante polémica con el cine de superhéroes). No en vano, el nombre de Scorsese ha estado ligado al proyecto desde el comienzo, y, de hecho, se dice que es el productor no acreditado.

joker deniro

La trama de Joker parece ser una mezcla perfecta de las otras dos películas. Arthur Fleck es un hombre demente, con varios trastornos mentales, siendo el más evidente el que le hace famoso: cuando se enfrenta a una situación tensa, reacciona con una risa nerviosa e incontrolable (lo que emparenta a la película con El hombre que ríe, película clásica a medio camino entre el terror y el romance). Vive con su madre enferma y trabaja para una agencia de payasos. La sociedad entera le es hostil, como se observa en los primeros minutos de la película. No hay lugar para un hombre como Fleck en la Gotham (Nueva York) de comienzos de los ochenta. Como el Travis Bickle en Taxi Driver, Arthur Fleck intenta entrar en una sociedad que no entiende y que se niega a aceptarle. Pero es que, además, Arthur Fleck quiere ser cómico de stand up, al igual que Robert Pumpkin en El Rey de la Comedia, emulando a Murray Franklin, una estrella televisiva encarnada por Robert De Niro (quien, por cierto, interpretó a los dos protagonistas de las películas de Scorsese). El problema, en este aspecto, es que no tiene ni pizca de gracia, de nuevo porque no encaja en la sociedad y no es capaz de comprenderla.

Joker cuenta la historia de la caída en picado de Fleck, los últimos coletazos de su mente enferma y desquiciada, y de ahí la importancia de la interpretación de Joaquin Phoenix. Lo que el actor hace en Joker es una barbaridad descomunal al alcance de muy pocos. Su Joker es patético y grandioso al mismo tiempo, capaz de causar repulsión y compasión con un simple gesto (en algunos momentos, incluso ternura). Y construye un personaje caótico e incomprensible, imprevisible por completo, capaz de bailar después de cometer asesinatos terribles o de meterse dentro de una nevera en una noche de insomnio (ambas secuencias, por cierto, improvisadas por Joaquin Phoenix). La película no se aparta ni un solo momento de la colosal figura del Joker, que es el que da sentido y vida a la obra. Los bailes de Phoenix, perfectamente estudiados, son extrañamente magnéticos y perturbadores. La preparación de esa risa desquiciada y enfermiza llevó a Phoenix, al parecer, más de un año, y se nota. Porque, si bien la risa parece alegre, los ojos de Phoenix reflejan un dolor y una ira reprimida inenarrable.

joker maquillaje

La transformación física de Phoenix, que llegó a perder más de 20 kilos para el papel, ayudó seguramente a la hora de generar en el actor esa locura salvaje. Pero es que la mirada de Joaquin Phoenix siempre ha tenido algo de salvaje. Phoenix ha tenido siempre, y mucho más como Arthur Fleck, un aire de animal herido y acorralado, peligrosísimo porque nadie sabe de qué sería capaz en su huida hacia adelante, que es, efectivamente, la historia de Arthur Fleck. Y es que, como decíamos, la elección de Joaquin Phoenix para crear un nuevo Joker apuntaba a ser, desde el principio, algo impresionante, pero lo que ha desarrollado en esta película es, directamente, una de las mejores interpretaciones jamás realizadas. Su Oscar está prácticamente asegurado, pero, en cualquier caso, su icónico baile bajando las escaleras en el momento de nacimiento del Joker forma ya parte de la historia del cine.

Cuando Joker se estrenó en los cines estadounidenses, saltaron todas las alarmas. Las autoridades avisaron del alto riesgo de que se produjeran tiroteos durante las proyecciones. Se creía que la película podría enervar a cierto sector de la población y conducirle a cometer alguna masacre. No entendieron bien la película. Joker es una obra violentísima, quizá la más violenta de los últimos años, pero ésta no es simplemente la de las armas y las rebeliones. Hay sangre y muerte en la película, pero no es lo más violento de ella. Joker es tan violenta porque nos sitúa frente a frente con la destrucción de un hombre ya de por sí roto. Vemos cómo la vida (sobre todo, los otros seres humanos) golpea una y otra y otra vez a Arthur Fleck. Cada golpe es más cruel y brutal que el anterior, y ello acaba por empujar a Fleck hacia el extremo de la locura: el Joker, ese malvado y perverso maestro del caos y el crimen de Gotham.

joker escaleras

En definitiva, el Joker de Todd Phillips se erige con facilidad como la mejor película basada en un cómic, al tiempo que Phoenix se impone como el mejor Joker del cine, por encima incluso de ese titánico Heath Ledger. La película contiene temas importantísimos y muy actuales, debido en parte a la ambientación de Gotham como la Nueva York de los 80, sumida en una crisis económica galopante, con unos políticos populistas y crueles, y una violencia generalizada en las calles. Joker es un recordatorio de la falta de empatía de la sociedad hacia el que sufre, sea por el motivo que sea, y de cómo el caos se extiende como la pólvora, no siendo necesario más que un chispazo para que todo estalle. Es una película incómoda y dura como pocas, pero necesaria e inapelable. Una auténtica obra maestra.

Miguel Serrano (@Migserrod92)

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