“Érase una vez en… Hollywood”, la gran fiesta de Tarantino

El nombre de Quentin Tarantino es sinónimo de un cine puro, original, atrevido. Y, sobre todo, divertido. Una película de Tarantino podrá gustar o no, pero nunca aburre. Y además, el director amenaza continuamente con retirarse tras diez películas. Por todo ello y por mucho más, la llegada a las salas de cine de Érase una vez en… Hollywood, la novena película de Quentin Tarantino es un acontecimiento cultural. Y por varias razones. En primer lugar, porque pocos directores cuentan con una legión tan grande de seguidores. El sello de calidad de Tarantino es suficientemente riguroso como para que millones de personas vayan al cine a ver una película, sin saber siquiera de qué va.

Y eso que sus ingredientes son complicados: secuencias alargadas hasta la extenuación, diálogos interminables sobre temas absurdos (quizá el más emblemático sea el de las diferencias culturales en Pulp Fiction, o el comienzo de Reservoir Dogs, en el que discuten sobre el significado de Like a Virgin), enrevesados juegos con la linealidad de la narración, un sentido del humor muy peculiar, altas dosis de violencia y toneladas de referencias al cine de serie B. Ha tratado géneros tan dispares como el cine de atracadores en su ópera prima, la blaxpoitation en Jackie Brown, el cine bélico en Malditos Bastardos, las películas de artes marciales en Kill Bill (aunque ésta es absolutamente inclasificable por mezclar numerosos estilos), el western en Django Desencadenado y en Los odiosos ocho, en la que también se aventura en el género detectivesco de Poirot, Holmes o Dupin… En todas sus películas, por dispares que sean, podemos encontrar la huella de su director, y todas las características antes mencionadas, junto con algunas más.

Y en su novena película sucede exactamente igual. Sólo que en Érase una vez en… Hollywood la firma de Tarantino es especialmente intensa. Es la película más “tarantinesca” de todas, y es mucho decir. Contiene todas las demás películas en sí misma: hay rastros de Reservoir Dogs en su uso de la radio y la música como ambientación, de Pulp Fiction en la ambientación en Los Ángeles (y en muchas otras cosas, como la presencia de una pareja protagonista espectacular)… Y muchas cosas más que hay que guardar para no entrar en el pantanoso territorio de los spoilers. Porque, y es necesario decirlo, merece la pena acercarse por primera vez a Érase una vez en… Hollywood sin haberse tropezado con los spoilers. Es una película fácilmente destripable (aunque el disfrute sea seguramente el mismo) y que sorprende al espectador.

dicaprio la la land

La película trata sobre Rick Dalton, un actor de westerns que ha entrado en decadencia y ha quedado relegado a papeles de villano en series de televisión. Junto a él está Cliff Booth, su doble de acción, que hace al mismo tiempo de chico para todo: chófer, secretario, asistente, electricista… Y, sobre todo, de amigo y guardián. Dalton está deprimido porque siente que su carrera se ha estancado y está a la deriva, y le surge la posibilidad de ir a Italia a rodar los tan de moda spaghetti western. Rick Dalton es un ejemplo excelente del cine tradicional, pero sus vecinos en Hollywood son dos grandes nombres del Nuevo Hollywood: Roman Polanski y su esposa, Sharon Tate. Todo tiene lugar en 1969, el año en que se produjeron los terribles asesinatos orquestados por Charles Manson. La historia es difícil de explicar, pero, al igual que ocurría en Pulp Fiction, resulta toda una experiencia. Quentin Tarantino es un narrador magistral que con esta película ha alcanzado su mejor nivel.

Sin embargo, y a pesar de lo tentador que podría haber sido recurrir al morbo de centrarse en la historia de la Familia, Charles Manson es sólo una sombra que planea a lo largo de toda la película, y la trama de Sharon Tate es puramente tangencial. Aparece la Familia, sí, pero la historia principal (si es que puede llamarse así) es la de Rick Dalton y Cliff Booth. De hecho, la trama de Manson y los asesinos sólo cobra importancia en el desenlace de la película. Tarantino prefiere que Sharon Tate revolotee a lo largo del metraje de Érase una vez en… Hollywood, como un alegre pajarillo que hace que, al menos por un momento, el mundo olvide el trágico final de Sharon Tate. Resulta incluso sorprendente la ternura con la que Tarantino trata este personaje, siendo sus escenas las más luminosas de largo de la filmografía de Tarantino. Uno de los grandes méritos de esta película consiste precisamente en eso, en borrar la condición de víctima de Sharon Tate, en recordar al espectador que esa joven actriz de 26 años fue, ante todo, un ser bondadoso y alegre, una persona que vivió antes de ser cruelmente asesinada.

sharon tate once upon...

Y a ello contribuye, cómo no, el trabajo de Margot Robbie, la actriz que da vida a Sharon Tate. Película a película, Robbie se confirma como una de las mejores actrices de su generación, capaz de dar la talla con directores como Martin Scorsese (El lobo de Wall Street) y Tarantino, y de crear personajes como Harley Quinn en Escuadrón suicida. La sonrisa de Margot Robbie ilumina la pantalla y otorga a Sharon Tate un candor y una alegría maravillosa. Su risa es contagiosa. Y, por mucho que se haya criticado (y lo que le queda) que apenas tenga líneas de diálogo, el personaje está tan bien construido a partir de las cuatro pinceladas de Tarantino y del glorioso trabajo de Robbie que no necesita nada más para darnos cuenta de que Sharon Tate simboliza, para el director, todo lo bueno y lo bello que podía haber en Hollywood. La ya larga historia de los ataques a Tarantino por el trato que reciben sus personajes femeninos es tan ridícula que solo se explica si sus detractores no han visto jamás una película suya.

En general, y como ha sucedido siempre con las películas de Quentin Tarantino, el reparto es una enorme constelación, desde Leonardo DiCaprio y Brad Pitt hasta Margot Robbie, pasando por toda una pléyade de estrellas como Al Pacino, Bruce Dern, Kurt Russell o Timothy Oliphant (y eso que han quedado eliminadas secuencias con Tim Roth y Michael Madsen, que esperemos vean la luz en algún montaje del director). Pero, como no podía ser de otra forma, los que verdaderamente destacan, además de Margot Robbie, son los dos personajes protagonistas. Leonardo DiCaprio y Brad Pitt firman la que es probablemente su mejor interpretación. Parece mentira que nadie hasta ahora les haya reunido en pantalla, porque salta a la vista, viendo sólo unos segundos de la película, que la pareja tiene una química inaudita e inigualable. Tarantino sigue confirmando que tiene un ojo para los actores como pocos directores, y que sabe explotar todo el potencial que éstos ocultan. El director de Knoxville ha regalado, con Érase una vez en… Hollywood, tres nominaciones a los Oscar, y no sería de extrañar que más de un premio.

tres colosos en hollywood

Decir que Leonardo DiCaprio ha hecho un trabajo espectacular no es ninguna novedad. Y, sin embargo, pocos papeles a lo largo de su carrera le permiten desarrollar todo lo que sabe hacer. En realidad, son varios papeles en uno, ya que, además de a Rick Dalton, DiCaprio interpreta a todos los personajes que Dalton debe encarnar. Porque Tarantino rueda en Érase una vez en… Hollywood varias películas en una. Hay escenas enteras de los westerns para televisión, y la verdad es que da la sensación de que todas esas series y películas serían maravillosas si fuera Tarantino quien las rodara. Y lo que hace DiCaprio con ese material es colosal. Hace un trabajo a la altura de muy pocos actores. Si decíamos que Robbie está ahora mismo entre las mejores actrices de su generación, Leonardo DiCaprio se ha asentado ya cómodamente entre los mejores actores de la historia del cine. Sabe dar patetismo y emotividad a su personaje al mismo tiempo, y pasar del llanto a la risa en cuestión de segundos.

No se crean, Brad Pitt no le va a la zaga. Aunque su personaje no requiera esa profundidad y esa diversidad de capas y registros, Cliff Booth es el papel más cool que jamás ha interpretado Brad Pitt (sí, olvídense de Tyler Durden; Cliff Booth es el mejor Brad Pitt). Es difícil actuar al lado de Leonardo DiCaprio y no salir perdiendo en la comparación. Pero Brad Pitt sale airoso, y juntos construyen una pareja espectacular, quedando desde ya en el mejor lugar de todas las películas de Tarantino, por encima incluso de aquel genial dúo formado por John Travolta y Samuel L. Jackson en Pulp Fiction. De hecho, sólo podrían ser comparados con Paul Newman y Robert Redford en Dos hombres y un destino.

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Cliff Booth es un personaje muy complejo: un tipo duro de los viejos tiempos, un héroe de acción, un hombre valiente, solitario (vive con su perro, y eso genera alguno de los mejores momentos de la película) y, a la vez, el más leal de los amigos, capaz de humillarse haciendo todo tipo de recados para Rick Dalton sólo porque son amigos y llevan media vida juntos. Pero una bestia yace oculta en el interior de Cliff Booth, un elemento violento y salvaje que le llevó a cometer algunos errores en el pasado y que puede despertar en cualquier momento.

Y, aunque hemos dicho que en Érase una vez en… Hollywood la Familia Manson permanece un poco al margen de la trama hasta el final, hay una escena en concreto de la que hay que hablar de forma obligada. Cuando Cliff Booth recoge a una joven autoestopista y la lleva al rancho Spahn (los que hayan leído nuestro especial de la Familia sabrán que era el cuartel general del grupo), donde se encuentra con los miembros de aquella extraña y maligna secta hippie. Allí, con muy poco, Tarantino construye una escena de terror absolutamente espeluznante a plena luz del día, algo muy difícil de conseguir. Es la primera vez que Tarantino se adentra en el terror, y, como todo, lo hace de maravilla.

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Decir que Quentin Tarantino ha firmado, con Érase una vez en… Hollywood, una carta de amor al cine es quizá caer en el tópico más manido de todos. Y, sin embargo, es necesario hacerlo. Esta película pone en evidencia que Tarantino es el más romántico de los posmodernos, un hombre pegado a lo antiguo, que no olvida su pasado. Él se crio en Los Ángeles a finales de los sesenta, y ha idealizado por completo aquella época. Odia a los hippies porque acabaron con el mundo que él amaba. Y, además, se nota que no quiere abandonar las formas de hacer cine de la época. Por eso sigue usando decorados reales en esta época digital, sigue usando celuloide real de 35 mm, como se hacía antes. Y ha rodado una película para hacer la historia como a él le habría gustado. Érase una vez en… Hollywood es, como su propio nombre indica (además de un claro homenaje a Sergio Leone) un cuento de hadas, un sueño que ha querido hacer realidad: volver a revivir la Edad de Oro de la televisión americana, su infancia, a Sharon Tate y todo lo que acabó con su muerte.

Por todo ello, me atrevo a decir que Érase una vez en… Hollywood es la mejor película de Quentin Tarantino, una absoluta obra maestra que marca época, una obra de arte en todos los sentidos. La película es larga, pero se hace corta. Apetece quedarse a vivir en el Los Ángeles que ha creado Tarantino. Más vale que la amenaza de Tarantino de abandonar el cine sea un farol. No podemos permitirnos perderle. El mundo necesita a Quentin Tarantino.

Miguel Serrano (@Migserrod92)

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rodaje erase una vez en hollywood

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