Especial Familia Manson (II): Los asesinatos

Los habitantes de Cielo Drive eran Sharon Tate y Roman Polanski, el legendario director de cine polaco. Polanski se encontraba trabajando en Europa, pero Tate, embarazada de ocho meses y medio, volvió antes a Los Ángeles para preparar el nacimiento. Sharon Tate era, en agosto de 1969, una actriz de 26 años no demasiado conocida, pero que estaba empezando ya a ganarse un nombre en la industria con películas de no demasiada calidad como El valle de las muñecas o El baile de los vampiros, dirigida por su marido. Le faltaban dos semanas para dar a luz. Tate, que no quería estar sola, pidió a unos amigos que se quedaran con ella hasta que Polanski volviera. Esos dos amigos fueron Abigail Folger, de 25 años, heredera del mayor emporio cafetero de Estados Unidos, y su novio polaco Voytek Frykowksi, un escritor bastante mediocre, amigo íntimo de Roman Polanski. Además, pasaba mucho tiempo con ellos Jay Sebring, el estilista de los famosos, que había tenido anteriormente una relación con Sharon Tate, con quien todavía guardaba una gran amistad.

La noche del 8 de agosto de 1969, los cuatro fueron a cenar en El Coyote, el restaurante preferido de Sharon Tate. Al volver a casa, alrededor de las 22:30, Folger y Tate se fueron a acostar, mientras que Sebring fue a charlar con Tate y Frykowski descansaba en el sofá. Se quedó dormido, y no pudo tener peor despertar. Mientras estaban tranquilos en casa, Charles Watson (conocido como Tex), Susan Atkins (Sadie Mae Glutz), Patricia Krenwinkel (Katie) y Linda Kasabian subieron por el camino de la casa después de cortar los cables de electricidad. Encontraron un coche que estaba a punto de abandonar la casa.

10050 Cielo Drive
Y el infierno se desató en el 10050 de Cielo Drive

Era Steve Parent, un joven de dieciocho años que trabajaba de repartidor en una empresa de fontanería, mientras que por las tardes trabajaba en una tienda de equipos de música. Quería ahorrar para ir a la universidad en septiembre. No conocía a ninguna de las otras familias, ni por supuesto a sus asesinos. Sólo conocía al encargado de vigilar la casa del 10050 de Cielo Drive, William Garretson, que vivía en la casa de invitados, detrás de la casa de Sharon Tate. Una vez, Parent había recogido a Garretson haciendo autostop y le había llevado a la casa. Garretson le había dicho que podía pasarse cuando quisiera, como acostumbraba decir a todos los que le recogían y ninguno hacía. Pero quiso la mala fortuna que Parent fuera el único, y que lo hiciera a la misma hora en la que Watson y sus compañeras se aproximaban con sus intenciones maléficas. Parent suplicó por su vida, y a cambio recibió una herida de arma blanca y cuatro disparos.

Después, Watson ordenó a Kasabian, que era quien condujo el coche, que esperara fuera y vigilara el exterior de la casa. Mientras Kasabian se quedaba fuera, los otros tres entraron. Al entrar en la casa, Watson despertó a Frykowski, quien, asustado, quiso saber qué estaba pasando. Tex Watson respondió: “Soy el Diablo y he venido a hacer la obra del Diablo”. Watson envió a las chicas a inspeccionar la casa para ver cuántas personas había dentro. Al pasar por la habitación de Abigail Folger, ésta, que estaba leyendo, levantó la cabeza y, al ver a Susan Atkins, sonrió, creyendo que era, sin duda, alguna amiga de Tate que se unía a la velada. Atkins continuó su camino y vio, en la otra habitación, a Sharon Tate charlando con Jay Sebring. Ninguno la vio. Al volver al salón, informó a Tex de que había tres personas más en la casa. Entonces, Watson dio una soga a Atkins y le ordenó que atara a Frykowksi y que trajera a las demás personas al salón. Después de amenazar a Abigail, Atkins dejó que Krenwinkel se encargara de la pobre mujer mientras ella iba a por Sebring y Tate. Ninguno ofreció ningún tipo de resistencia: estaban aterrados y no tenían ni idea de lo que estaba pasando.

Pero, cuando se vieron todos en el salón y Tex ordenó a las víctimas que se tumbaran bocabajo en el suelo, Sebring sacó todo el valor que llevaba dentro y se encaró con Watson. Le exigió que permitiera al menos que Tate, con su embarazo, se sentara, y se negó a obedecer las órdenes de su verdugo. El premio por su valentía fue un disparo. Y entonces se desató el infierno. Volvieron a atar las manos de Frykowski, y, con la cuerda, ató los cuellos de Sebring, malherido, y de Folger y Tate, tras lo que tiró la cuerda sobre una viga y tiró de ella. Las mujeres tuvieron que levantarse para evitar ser ahogadas. Watson dio la orden y comenzó la matanza.

Voytek Frykowski consiguió liberarse y se resistió cuando Atkins iba a apuñalarle, pero no pudo con Watson. Fue reducido, y entonces Atkins le dio numerosas puñaladas en la espalda, los muslos y las piernas. Sin embargo, seguía vivo, se levantó e intentó escapar, pero Watson le alcanzó y le dio trece golpes con la culata de la pistola, dos disparos y otro montón de puñaladas. En su autopsia encontraron cincuenta y una heridas de arma blanca. Jay Sebring, aún en el suelo por la herida del disparo, fue apuñalado otras siete veces. Abigail Folger fue apuñalada y, cuando los asesinos la dejaron para centrarse en otras víctimas, se levantó y salió tambaleándose al jardín, seguramente para pedir ayuda. Pero Watson fue más rápido, la derribó y continuó apuñalándola. En total, veintiocho heridas. Sharon Tate suplicó por la vida de su bebé, pero no encontró compasión en la monstruosa crueldad de Susan Atkins, quien la asestó dieciséis puñaladas.

Susan Atkins y Charles Manson durante el juicio
Una imagen de Atkins y Manson durante el juicio

Los asesinos huyeron y volvieron con los suyos, no sin antes dejar escrita en la puerta principal la palabra PIG (“cerdo” en inglés). La noche siguiente volvieron a cometer otros dos asesinatos: los de Leno y Rosemary Labianca, un matrimonio propietario de una cadena de supermercados que vivían en el 3301 de Waverly Drive, en Los Feliz. Las circunstancias fueron muy similares, con apuñalamientos múltiples, ensañamiento y pintadas con sangre en las paredes.

Ninguna de las víctimas conocía a los asesinos, y ninguno de los asesinos conocía a las víctimas. Se barajaron múltiples opciones en la búsqueda del móvil en la investigación, entre los que se encontraban las drogas (encontraron estupefacientes en la casa de Cielo Drive) y los asesinatos rituales, dado lo macabro de los asesinatos. No podían imaginar que las víctimas pudieran serlo por error. Pero lo fueron. Lo único que habían hecho para morir era estar en el lugar equivocado (sus casas) en el momento equivocado. La más trágica de las circunstancias del azar fue la muerte de Steve Parent: el pobre sólo había estado ante la puerta de las víctimas, y sólo había estado en el entorno un par de minutos, y tuvo la mala suerte de cruzarse con esos salvajes mientras volvía a casa.

Pero nadie podía hacerse una idea de lo terrible que era lo que se iban a encontrar: una historia que helaría el corazón de quien se acercara a ella y que, aún hoy, cincuenta años después, es capaz de provocar pesadillas. La investigación, chapucera y mal llevada a cabo, terminó llevando a un nombre concreto, un hombre extraño y extremadamente peligroso: Charles Manson y su Familia.

Miguel Serrano (@Migserrod92)

 

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Sharon Tate
Sharon Tate. Fotografía de Peter Brüchmann (1968)

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