Conversaciones con asesinos. Las cintas de Ted Bundy: Un viaje al corazón del mal

El ser humano ha sentido desde siempre una extraña y poderosa fascinación por el mal. Por alguna oscura razón, hay algo en él, en su naturaleza, que nos resulta atractivo. Es altamente tentador, altamente magnético. Por eso nos gustan las historias de asesinos y crímenes. Por eso existen tantas películas y series de televisión sobre el tema. Una moda reciente son los documentales seriados acerca de asesinos en serie y de todo tipo de crímenes. Un rápido repaso al catálogo de Netflix puede servir para hacernos una idea de la fuerza de esta nueva moda: Making a Murderer, I am a killer, Serial Killer, Abducted in plain sight, Amanda Knox… Entre ellas destaca Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy.

¿Por qué es diferente esta serie de las otras que estamos mencionando? En primer lugar, porque la figura que se analiza es uno de los asesinos en serie más letales de la historia. Ted Bundy fue condenado a muerte por el asesinato de más de 30 mujeres, si bien se cree que el número de víctimas pudo ser mucho mayor, superando incluso el centenar. Además, la serie está basada en las entrevistas que el periodista Stephen Michaud realizó a Bundy durante su estancia en la cárcel y que después publicó en un libro (con el mismo título que la serie), así como en declaraciones de distintos personajes que se vieron envueltos en los escabrosos acontecimientos, y numerosas imágenes de archivo. Por cierto, el director, Joe Berlinger, también ha dirigido Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile, que contará también la historia de Bundy, con las interpretaciones de Zac Efron y John Malkovich, entre otros (la película ha causado sensación en Sundance y se estrenará próximamente en Netflix).

Ted Bundy Netflix

El hecho de que se ciña en todo momento a lo que sucedió y recurra siempre a fuentes directas ayuda al documental a no caer en el sensacionalismo barato, con absurdas y extrañas elucubraciones. No hay giros sorprendentes en la trama, ni se busca el impacto directo. Además, a pesar de que el visionado de la serie pueda resultar desagradable por la crueldad y el sadismo con el que Bundy ejecutaba sus crímenes, Conversaciones con asesinos rehúye los detalles más escabrosos, en un buen gesto. Los morbosos que busquen la carroña, la exhibición obscena de sangre y cadáveres, así como la enumeración detallada de las atrocidades que realizó el asesino tendrán que satisfacer su enfermiza curiosidad en otra parte. Y eso, en opinión del que suscribe, es un gran acierto.

Y otro acierto (un tanto polémico, eso sí, como veremos) es, al intentar dejar que sean los protagonistas de la historia quienes hablen, que nos permite asomarnos, aunque ligeramente, a la retorcida y perversa alma de Ted Bundy. Bundy, que como hemos dicho tiene en su haber una lista enorme de víctimas (todas ellas mujeres jóvenes, incluso alguna menor de edad), llevó a cabo todos sus asesinatos desde 1972, cuando aparece su primera víctima reconocida, hasta 1979, con dos fugas de prisión de por medio. Es decir, entre los 26 y los 33 años. Hasta ese momento, el infame asesino había llevado una vida normal. Parecía el yerno perfecto, el novio que toda madre querría para su hija: atractivo, simpático, amable, servicial, con estudios de Derecho y Psicología, e incluso una carrera política en el Partido Republicano. Nada parecía indicar que hubiera un lado oscuro en él. Y, sin embargo, una bestia salvaje se escondía detrás de su mirada.

Y aquí radica una de las claves más inquietantes de este tema: el mal, a menudo, es irreconocible. Los asesinos siempre saludaban. Lo peor es que el mal no tiene la forma de monstruos con colmillos ensangrentados y garras afiladas, con los ojos inyectados en sangre y rodeados de oscuridad. Son personas aparentemente normales. El mal no adopta formas terroríficas y amenazadoras, sino magnéticas y seductoras. El diablo fue el más bello de los ángeles. Y es que, si fuera horrible, no atraería a nadie. Es verdad que hay casos excepcionales, como el de Charles Manson. En los ojos del ya fallecido asesino, era fácil detectar la presencia de algo maligno. Su mirada era la de un maníaco. Pero, como decimos, son excepciones. Por lo general, los asesinos están entre nosotros. Es más, son uno de nosotros. Cabe señalar, como decíamos, que a raíz de Conversaciones con asesinos ha surgido una polémica. Muchas mujeres dicen sentirse atraídas por Ted Bundy. Esto no es nuevo. Volviendo a Manson, muchas jóvenes se situaron enfrente de la prisión donde se hallaba recluido, y que incluso más de una quiso casarse con él. Pero la culpa no recae en ningún caso, como se ha llegado a decir, en el documental, sino en mentes débiles y enfermas, y en esa capacidad seductora del mal.

La sonrisa del asesino-Ted Bundy.jpg

Sin embargo, al escuchar al propio Ted Bundy hablar de sus actos, de los que se declaró inocente casi hasta el final, encontramos a un narcisista que disfrutaba recordando los detalles de sus crímenes, un sádico extremadamente cruel que jamás sintió un ápice de remordimiento. Él mismo describía que, cuando asesinó a todas esas pobres chicas inocentes, se sentía bien, perfecto, casi como poseído por alguna fuerza extraña. Y, de hecho, al confesar la noche antes los 36 asesinatos reconocidos (insinuó que había por lo menos 30 víctimas más, y, como hemos dicho, el número total puede ascender al centenar), su voz y su manera de relatarlo ponen los pelos de punta. Es estremecedor la frialdad con la que confiesa haber realizado auténticas aberraciones sin motivo alguno.

En definitiva, Conversaciones con asesinos. Las cintas de Ted Bundy es un documental que gustará a todos los que estén interesados por conocer la figura de este tristemente célebre asesino en serie, pero no a los morbosos más interesados en ver una película gore. Los cuatro episodios nos permiten asomarnos, aunque sea de una forma superficial, al alma oscura y podrida de Ted Bundy, una visita breve, a través de sus ojos, al corazón de las tinieblas.

 

Miguel Serrano (@Migserrod92)

 

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